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Greta Gerwig se ha caracterizado por estar siempre frente a la cámara. Su personalidad histriónica se ha reflejado en sus papeles desde Damsels in Distress hasta Frances Ha con las cuales ha trascendido, redefiniendo el feminismo a través de sus personajes. Ahora con Lady Bird.

Avanzamos al 2017, Gerwig se transporta atrás de la cámara como directora y guionista simultáneamente creando Lady Bird. Con su opera prima regresamos al 2002 a Sacramento, California, cuando sonaba Cry Me A River en las radios en esta sonata colegial que mezcla equitativamente llanto y risa.

Superficialmente podemos catalogar a Lady Bird como un coming-of-age film cualquiera, pero si se profundiza los diferentes elementos de la película podemos concluir que esta película es una presentación artística que se aleja de muchos clichés de este género.

La trama de la película se centra en la relación de Christine ‘Lady Bird’ con su madre. Inspirada por la relación de la directora con su madre. Gerwig, junto a sus dos leading ladies; atinaron con autenticidad a este aspecto usando una crudeza que no censura la manera en que esta relación se puede deteriorar durante la adolescencia.

“Amor y atención, ¿no crees que son lo mismo?”. Le preguntan a Lady Bird en un momento y esto refleja en el lazo que forman madre e hija en la película. La atención que toda madre le presta a su hijo es una demostración de amor y preocupación. Los roces que la madre e hija nos presentan en la pantalla en un principio pueden verse como una relación desgastada.

Pero poco a poco descubrimos junto a Lady Bird; que la atención a todo y a cada detalle por parte de la madre va mas allá de ser una critica. La relación se basa en una dualidad entre amor y atención; convirtiéndose en lo mismo para los dos personajes.

En el aspecto de amor desde el punto de vista de relaciones románticas, la directora se alejó completamente en darle a la protagonista un clásico romance donde encuentra a su pareja perfecta. Los dos prospectos que Lady Bird va encontrando en su historia no son los correctos para ella; y por distintas razones. El dolor de un amor fallido se ve en la pantalla; se siente en el personaje y nos llega a todos como audiencia. La imperfección de estas relaciones es la que crea la perfección que pretende llegar la historia como un reflejo de las vivencias en la adolescencia. Y aportan de manera positiva al crecimiento del personaje principal.

Siéndole fiel a su empoderamiento femenino. Gerwig informalmente creo una pre-quela al culto de clásico Frances Ha donde es protagonista y guionista. Pero con su opera prima fue mas allá; y no solo le dio honor al genero femenino pero replanteo el formato del coming-of-age. Gerwig no nos dio clichés que nos hagan sentir cómodos; nos dio realidades que nos incomodan y que al final nos hacen identificar con el personaje principal. Todos hemos sido Lady Bird en algún momento, y todos hemos regresado a ser Christine. La originalidad de Gerwig no se basa en la manera en que queremos ver a Christine; si no en la manera incomoda en la que nos identificamos con ella.

 

Texto: Juan Fernando Crespo @fashionlolito

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